Costa Rica decide: Dictadura y corrupción o democracia y transparencia Transparencia de la Gestión Pública,

elpais.cr (08/02/2010):

Costa Rica, un país de 4.25 millones de habitantes, con una imagen ecológica y de paz en el mundo, ganada desde la abolición del Ejército y épocas atrás, decide este domingo continuar en una dictadura en democracia o cambiar hacia la participación ciudadana en la solución de sus problemas y rescatar el Estado Social de Derecho y la soberanía entregada al mejor postor.


Nuestro país disfruta del mayor nivel de vida en Centroamérica, pero en sus costas reina la falta de agua para la población nativa, aumenta el desempleo, la pobreza y la drogadicción en comunidades otrora rurales y solidarias.


En las regiones tropicales húmedas, llenas de bosques lluviosos, nacientes de agua y frondosos ríos, la riqueza natural se ve sometida a extensos cultivos de piña que contaminan todos los cuerpos de agua con agroquímicos, que causan destrucción en la fauna acuática, enfermedades a la ganadería y mala salud en la población.


Aunque Costa Rica es reconocida por no contar con un Ejército y por su rol en acabar con las sangrientas guerras civiles de la era de la Guerra Fría que azotaron a nuestros vecinos, el narcotráfico y la corrupción avanzan cada día en todo su territorio y son causa de la inseguridad ciudadana.


Entre la publicidad estatal para vender el país en el exterior destacando las montañas cubiertas de bosques con fauna autóctona que atraviesan de norte al sur su territorio, que cuenta con más de 100 volcanes dormidos y activos se contrapone también lo que ocurre con la población descontenta del fracaso económico y la falta de respuesta de la supuesta democracia. En las últimas semanas el volcán Turrialba hizo erupción y entró en actividad.


El compromiso de proteger el medioambiente ha convertido a Costa Rica en un imán para eco-turistas y jubilados de Norteamérica y Europa, aunque en la realidad todos los días la prensa reseña los problemas de la población desplazada de sus territorios por los grandes desarrollos inmobiliarios y turísticos, principalmente en sus costas.


A todo ello se suma la concentración del poder que en esta apacible nación genera descontento, falta de empleo, ingresos dignos, atención deficiente de la salud con esperas de más de un año para un turno al quirófano o una cita con un especialista, gracias a la política de falta de inversiones en el sector.


A pesar de que sus actuales gobernantes, el presidente Oscar y su ministro de la Presidencia y hermano, Rodrigo Arias Sánchez, aseguran que hay éxito económico gracias a su red de acuerdos de libre comercio, Costa Rica sufrió en el 2009 su primera recesión en 27 años y su déficit presupuestario subió a más del 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Incluso, debió contraer préstamos externos para pagar la planilla gubernamental al final del año anterior.


La política de firmar tratados de libre comercio (TLC) con varias naciones poderosas, la Unión Europea y otras, llevó a la población a dividirse con el referéndum del 7 de octubre del 2007 para aprobar el TLC con los Estados Unidos, en una campaña en la que reinaron las amenazas de desempleo masivo, el miedo y promesas de tiempos mejores, desplazadas por la crisis económica y leyes complementarias al TLC con los Estados Unidos.


En ese trato, impulsado por los hermanos Arias, con gran despliegue de publicidad gubernamental, ayudas a los pobres y a las comunidades, además de falsas promesas como cambiar una bicicleta por un BMW gracias al progreso que traería el negocio, los costarricenses salieron perdiendo soberanía, instituciones estatales de telecomunicaciones, leyes que protegían el ambiente y el derecho de los pueblos indígenas a su conocimiento ancestral, entre otros.


La desigualdad en ingresos, aunque no tan pronunciada como en otros países de Latinoamérica, muestra que está subiendo, según las mismas estadísticas oficiales, que dan cuenta de la desaparición de la mayoritaria clase media y la ampliación de los sectores más pobres y marginados.


A pesar del marasmo de la desesperanza frente a la imposición de la dictadura, a mediados de enero surgió una propuesta, impulsada desde la ciudadanía y las organizaciones sociales, de construir un Gobierno de Unidad Nacional a partir de la candidatura presidencial de Ottón Solís, del Partido Acción Ciudadana (PAC).


Esta propuesta fue acogida por los partidos Alianza Patriótica (AP), e Integración Nacional (PIN); que sacrificó las candidaturas presidenciales de sus líderes Rolando Araya y Walter Muñoz, decisión que ha sacudido las estructuras sociales de nuestro país.


Ante ello, no hubo una respuesta de los dos supuestos principales contendientes para alzarse con el triunfo electoral, la candidata gubernamental del Partido Liberación Nacional (PLN) y ex presidenta de Arias, Laura Chinchilla; y del cogobernante Movimiento Libertario (ML).


El ML y el PLN siguieron con un concierto de anuncios y ataques entre ellos, ignorando la propuesta de Alianza para el Gobierno de Unidad Nacional, un sueño de las organizaciones que vieron esfumarse su triunfo por el fraude mediático del referéndum del 7 de octubre del 2007.


La falta de esa unidad proclamaba un triunfo del abstencionismo, superior al 40% de la población habilitada para votar, pero el presidente del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Luis Antonio Sobrado, afirmó a otros medios de comunicación tener “razones suficientes” para ser optimista con la participación electoral en las elecciones de este día y que podrá superar más del 70% del padrón.


Esa cifra, equivalente a 1.975.000 electores en el listado actual, sería superior a la registrada en los comicios del 2006, cuando votó el 65,2% del padrón de esa fecha.


Según esta posibilidad, confirmada por encuestas no oficiales a las que ha tenido acceso este medio, la disminución del número de abstencionistas aumentará las posibilidades de derrota de la favorita de los grandes medios de comunicación, aliados del gobierno y del gran capital.


El gran ganador será, según las estadísticas no oficiales ignoradas por los grandes medios de comunicación comercial, la Alianza para un Gobierno de Unidad Nacional, -que ha despertado simpatía y patriotismo-, encabezado por Ottón Solís.


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